¿PODEMOS?

 

Crònicas desde Miami

Alexis Ortiz

La impostura de las posturas de Pablo Iglesias, mandamàs del partido español Podemos,  irritan e inquietan. Porque la ceguera española, incluso de medios de comunicación, con ese sujeto truculento en disfraz de moño juvenil, es una experiencia deletèrea que ya vivimos los bolivianos, cubanos, ecuatorianos, hondureños, nicaragüenses, paraguayos y venezolanos.

La periodista hispana Candela Sande, reseñò que ningún partido naciente ha tenido tanta cobertura y complacencia de los medios de comunicación social españoles, que Podemos. Eso recuerda a periodistas y medios venezolanos, convirtiendo a Hugo Chàvez, de militar mediocre y golpista fracasado, en héroe nacional.

El apoyo ideológico pero también propagandístico y financiero, del castrochavismo al combo Iglesias-Monedero-Podemos, hasta ahora no le interesò a una prensa y tv concentrada  màs bien en desangrar a Mariano Rajoy, porque este líder poco carismático e inhàbil para producir titulares efectistas, se dedicò “cándidamente” a recuperar la economìa del país, maltratada al extremo por el binomio socialista Zapatero-Moratinos.

E Iglesias hace con deleite el juego mediàtico. Para alardear rebeldìa se presentò desgreñado y con camisa arrugada, a una reuniòn con el tolerante rey Felipe VI; mientras se adornò de reluciente smoking para figurar en los premios Goya. El sabe que deslucir al monarca no tiene consecuencias, pero no adular a la televisiòn SI.

Y tenía que ocurrir, Pablo Iglesias, neocomunista convencido de que la libertad de expresiòn es una prescindible instituciòn burguesa, en un acto de soberbia maltratò a periodistas que, por fin,  le hacían preguntas incòmodas y, para màs descaro, proclamò que lo mejor para la prensa es la estatización.

Bueno queridos colegas periodistas, ese es el resultado de criar cuervos, de promover caudillos calenturientos, de esos que al tomar el poder producen grandes tragedias históricas. De esos que no entienden que cualquier manejo abusivo, si lo hubiere, de la libertad de expresión, se debe enfrentar con debates y no con prohibiciones.

 

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