CRONICAS DESDE MIAMI

 

Alexis Ortiz

 

                             NOMBRE

 

        En los tiempos ignotos, antes de que todo fuera en la hoy Florida, ya era el rìo que los indios tequestas llamaron Miami (agua grande). Después se apropió del nombre la gran ciudad que hoy alberga más de dos millones de habitantes y cuyos suburbios superan los 50 kilómetros.

          En mi segmento cultural de los viernes, en el programa de Julio César Camacho, por la emisora ACTUALIDAD 1040 AM, comenté que no es raro que un río transfiera su nombre a una población. Tal es el caso de Cumaná, Venezuela, la primera ciudad fundada por los europeos en la zona continental de América, el nombre del río pasó a ser el de la ciudad, mientras que aquel lo bautizaron Manzanares, como la corriente que se desliza por Madrid.

          Miami es hoy en día una urbe pujante, bilingüe, con fuerte presencia latinoamericana cuyo emblema son los cubanos desterrados por el comunismo, donde igual encuentran refugio colombianos, centroamericanos, brasileros, argentinos, venezolanos, boricuas, dominicanos, ecuatorianos, peruanos, mexicanos y, desde luego, gente valiosa de otros continentes.

          Se trata de una ciudad no solo diversa en lo demográfico, sino incluso en los escenarios naturales que, junto a un clima propicio y las instalaciones hoteleras y de entretenimientos, facilitan el desarrollo de un turismo que compite con los mejores destinos del planeta.

          Miami es entonces turística señera y por añadidura: comercial, cultural, deportiva, universitaria, marinera, indígena, agricultora en sus alrededores, bañada por un mar cálido y tocada por la magia de los Everglades. Muchos la consideran no solo la puerta de entrada para los latinos a Estados Unidos, sino además la capital alterna de Iberoamérica.

          Es una ciudad paradójica: tranquila y huracanada, que vive a un ritmo al propio tiempo vertiginoso y amable. Es la tierra de los sueños para los perseguidos y esperanzados de todas las raleas.